Comienza cortando el queso en dados de un tamaño similar al de las aceitunas. A continuación, envuelve cada dado con una loncha fina de cecina procurando que quede bien sujeta sin romper la carne.
Prepara un palillo largo de pintxo e inserta primero una aceituna. Después añade el dado de queso envuelto en cecina, una piparra doblada sobre sí misma para facilitar el montaje y un trozo de pepinillo. Finaliza el pincho con una segunda aceituna para completar la clásica presentación de la gilda.
Una vez montadas todas las unidades, colócalas en una bandeja o recipiente, rocíalas con un buen aceite de oliva virgen extra y déjalas reposar en el frigorífico durante un par de horas. Este sencillo paso permite que los sabores se integren y que la cecina absorba parte del aroma del aceite, consiguiendo un resultado todavía más sabroso.
Como ocurre con cualquier receta tradicional, esta versión también admite pequeñas variaciones. Si buscas un toque más intenso, puedes incorporar una anchoa entre la piparra y el queso. Y si prefieres añadir un punto dulce y una textura diferente, unos tomates secos serán el complemento perfecto para dar una nueva dimensión a este clásico reinventado.