El pollo es mucho más que un básico en la cocina. Es una de las carnes frescas más consumidas en España y un alimento presente en todo tipo de recetas, desde elaboraciones sencillas para el día a día hasta guisos, asados o caldos. Así lo recoge el informe El sector de la avicultura de carne en cifras: Principales indicadores económicos, publicado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
Además de ser versátil, permite aprovechar prácticamente todas sus partes y cocinarlo de infinitas maneras. Pero cuando vamos a comprarlo, hay un detalle que puede llamar especialmente la atención: el color de su piel.
Seguro que alguna vez te has encontrado con pollos de piel blanca y otros de una tonalidad más amarilla. ¿Significa que son diferentes? ¿De dónde procede ese color?
El secreto está en la alimentación
La tonalidad amarilla de la piel del pollo está relacionada, principalmente, con su alimentación. Determinados piensos pueden contener carotenoides, pigmentos presentes de forma natural en ingredientes como el maíz, que aportan ese característico tono amarillo.
La intensidad del color puede variar dependiendo de la cantidad de estos pigmentos presentes en la dieta. Por eso, encontrar un pollo con la piel más amarilla no significa que se le haya añadido ningún colorante directamente sobre la carne: el tono es consecuencia de su alimentación.
Y hay algo importante a tener en cuenta: lo carotenoides utilizados en la alimentación animal están sujetos a controles y evaluaciones por parte de las autoridades competentes de la Unión Europea antes de ser autorizados, garantizando que cumplen los requisitos establecidos de seguridad.
Entonces, ¿amarillo o blanco?
La diferencia del color no es, por sí sola, un indicador de que el pollo sea mejor o peor. La tonalidad de la piel responde principalmente a factores relacionados con la alimentación y no determina por sí misma la calidad nutricional del producto.
Así que, la próxima vez que te encuentres frente al mostrador y dudes entre un pollo de piel blanca o amarilla, ya tendrás la respuesta: el color cuenta una pequeña parte de su historia, pero no toda.